La Guadalajara que fue

La Guadalajara que fue

La Guadalajara que fue

El cronista Armando Arévalo invita a dar un paseo por la ciudad que fue en los siglos XVIII y mediados del XIX, la que ha quedado en algunas páginas de la historia

GUADALAJARA, JALISCO (02/AGO/2015).- Como muchos otros centros urbanos que se fundaron durante el siglo XVI en nuestro país, Guadalajara ha sido un sitio importante en el ámbito político y económico, un prestigio que hoy día continúa a pesar de las notables pérdidas patrimoniales que ha padecido, en especial, a lo largo de la pasada centuria, “un afán —dice el cronista Armando Arévalo— que se ha dado en nuestra política local, que no ha dejado de destruir edificios antiguos para sustituirlos por otros que, siendo recientes, buscan dar una apariencia de antigüedad. Curioso ¿no?”.

En este sentido, si uno busca imaginar la ciudad en el siglo XVIII, refiere Arévalo, hay que pensar en “un cuadro de 15 cuadras a la redonda, cuyo centro era el conjunto conventual de San Francisco; de hecho, donde se encuentra el Mercado Corona había entonces un panteón. Pero la ciudad se extendió rápidamente, si en 1570 estaba habitada por 50 personas, para 1745 ya eran más de 18 mil, pues estaba en pleno auge comercial, formaba parte de la Ruta de la Plata y, claro, era un centro religioso esencial, dentro de la Ruta Franciscana, lo mismo que político”.

Por lo que respecta a sus habitantes, el cronista recuerda las palabras de un historiador y periodista local —Fernando Santoscoy— que describe a “los hombres como dados a la riña, aunque generosos, sensibles a la crítica pero también trabajadores; eso dice cómo era el tapatío, un hombre de contrastes. Por otra parte, para las mujeres tiene sólo palabras bellas, las califica de hacendosas, trabajadoras, domésticas, dulces y religiosas, pero —ante todo— no perdonaban una traición”.

Auge y problemas

La importancia comercial de Guadalajara en aquellos tiempos, comenta Arévalo, “se incrementó gracias a que lo que llegaba al país en la Nao de China, que desembarcaba en San Blas y enviaba cargamentos a Compostela y Guadalajara que, al final, se tornó fundamental cuando se asentó aquí la sede del episcopado”.

Así, durante el siglo XVIII y XIX, destaca el cronista, “existían numerosos establecimientos comerciales en la ciudad, de productos que hoy no se elaboran ya; había comercios que vendían petates, sombreros, sastrerías, utensilios de barro, aunque también productos muy finos, que demandaba la comunidad extranjera (sobre todo, francesa)”.

Con todo, la urbe no estaba exenta de problemas, explica el investigador, “porque hablamos de una época en la que Guadalajara estuvo marcada por epidemias de viruela o sarampión; de acuerdo con Santoscoy, durante la más sonada epidemia de sarampión, morían 80 personas al día. Tampoco había camas en los tres hospitales existentes —el de los Bethlemitas (con 200 camas), el Real (con 150) y el del Hospicio (no el Cabañas, con 100)—, que no llegaban a 500 y por ello tenían a los enfermos en el suelo. De ahí surgió la iniciativa, encabezada por Fray Antonio Alcalde, de construir un hospital (San Miguel de Belén) con al menos un millar de camas”.

Pasado y presente

Para Arévalo, hablar de Guadalajara es algo que “me gusta, y he escrito en algunos periódicos acerca de ella; esta ciudad no deja de ser interesante y encantadora, pero no puede alguien entenderla sin conocer su pasado, por eso creo que saber de su historia es conocer su presente, poder disfrutar de pasear y saber que, donde está ahora el Palacio Municipal, fue la Casa de Moneda y el Palacio Episcopal, por ejemplo”.

Por eso, enfatiza, para la conferencia que ofrecerá este miércoles en torno al tema, “he preparado un material de más de 100 fotografías e ilustraciones, con la idea de que el asistente pueda ver las imágenes y escuchar la explicación, de modo que pueda transportarse a la Guadalajara de aquel entonces”.

Dinamismo y recuperación

Comenta Arévalo que de la Guadalajara del siglo XVIII, en cuanto a las construcciones, todo ha quedado prácticamente en la historia; “salvo algunas edificaciones como el actual Museo Regional, el Palacio de Justicia —donde fue el convento de las monjas de Altagracia— o donde hoy se encuentra la Secretaría de Turismo, todas ellas modificadas pero cuyo trazo original procede de aquella época”.

El cronista es consciente de que no puede “haber nada estático”, sino que siempre hay cambios;no obstante, señala que ha visitado ciudades que conservan muchas cosas de su pasado, mientras que “Guadalajara se ha dado a la tarea de modificar y cambiar; si regresamos a Santoscoy, que escribió su obra en 1917, desde entonces se quejaba y decía que en esta ciudad había una tendencia a ‘destruirlo todo’ para crear cosas nuevas. Pienso que esa tendencia se mantiene; bastaría recordar las sucesivas ocasiones en que el Mercado Corona se ha quemado y vuelto a construir”.

En este sentido, dice el investigador, “lo que hay que reconocer en esta ciudad es su dinamismo, por una u otra razón se transforma; por supuesto, falta consciencia de lo que significa el patrimonio edificado; pero también costumbres que se han abandonado, que son tradiciones del patrimonio intangible que deberían recuperarse, como el ‘Combate de las flores’, un desfile que existe sólo en algunos pueblos ahora pero no en la ciudad. La idea es no volver al pasado, sino revivir para gozarlo y conocerlo”.

REDES SOCIALES Y OPTIMISMO

A pesar de que exista “desconocimiento” entre la gente acerca de la propia ciudad, Armando Arévalo no es pesimista: “He visto ahora, con el desarrollo de las redes sociales, varias páginas que buscan profundizar sobre la historia de Guadalajara, sitios en los que se pueden documentar las personas sin ser profesionales del área o investigadores; esto significa que hay muchos a los que les interesa saber acerca de la ciudad, pero quizá no lo sabíamos porque no existían las redes sociales (que facilitan mucho las cosas). Pero yo creo que hay muchas personas a las que les interesa conocer sobre Guadalajara, la de antes y la de hoy”.

Actualmente, reflexiona el cronista, “veo una ciudad muy dispersa, donde cada quien jala para su lado, pero imagino que es parte de la modernidad y no podemos pensar en una Guadalajara ‘unificada’ como se creía antes; hoy, estamos ante una urbe diversa, y eso es parte del crecimiento pero, sin embargo, creo deberíamos conservar lo fundamental de nuestras tradiciones”.

Preparar la conferencia que Arévalo dará el próximo miércoles en el Museo de la Ciudad, le tomó seis meses de estudio continuo y recopilación de material (visual), “aunque ya he dado conferencias sobre este particular en el pasado, cada vez me adentro más, para profundizar. Con todo, se torna más difícil cada día, cada vez es más lo que se pierde”.

SABER MÁS

Charla en el Museo de la Ciudad

Con apoyo de organismos como Prensa Activa de Guadalajara, la Sociedad de Ciencias Naturales de Jalisco y la Secretaría de Cultura Municipal, el próximo miércoles, a las 20:00 horas, en el Museo de la Ciudad se llevará a cabo una conferencia  bajo el título “La Guadalajara del siglo  XVIII y mediados  del siglo XIX”, a cargo de Armando Arévalo Hernández, quien por medio de una serie de fotografías e ilustraciones hará una relación de edificaciones, anécdotas y costumbres que, en sus palabras, “pueden decirnos mucho acerca del presente”.

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Luis Sandoval Godoy 2015

Autores en el Candelero

Autores en el Candelero

Saludo y bienvenida

El doncel de aquellos días, ánimo inquieto, la respiración agitada, la mirada perdida en mundos de ensueño, buscaba en el aire y en la luz, en el cielo y en el horizonte, la saciedad de su pensamiento,  de su imaginación, un rumbo a sus aspiraciones humanas.

Y vinieron a su mano libros, autores cuyo nombre era tenido entre los famosos de la escritura: el relato intenso, la emoción encendida, el perfil de seres en sus deseos, su desencanto, afán de búsqueda, a veces un venturoso encuentro.

Girones de vida humana, eso fue el cuento literario cuando, este género tenía relumbres de encanto, seguidores animados de honda emoción.

Escribir un cuento, ceñir a dos páginas la lucha pasional del que ama, o el grito dolorido del que sufre, la pupila limpia del niño, la pena callada de un anciano, el temblor de la vida o el escalofrío de la muerte… Cuántas historias de estremecida emoción, cuántas airosas expresiones ceñidas a la concisión de un relato, y la serie de nombres cuyo brillo en las letras no ha podido apagar el tiempo.

Ellos son los autores significados de aquel ayer, perdidos hoy en la barahúnda sacrílega de la computación con sus sortilegios donde asombrosos inventos quieren ahogar el sentimiento, en relámpagos de una pantalla electrónica.

Dónde quedó el deleitoso correr de la pluma que venía hilando a una con la mente, a una con el latido del corazón, aquel momento de una vida, aquella ilusión que coloreaba y llenaba de luces un alma, marcaba el ritmo en la sangre de un soñador El doncel quiso atrapar lejanas historias      venidas en los egregios del pensamiento cuyo nombre seguirá sostenido en el candelero de los famosos de la literatura universal, honra y prez del arte en las letras, símbolo el más brillante de cuanto puede decirse acerca de los conceptos que se avienen a la cultura de un pueblo.

El arrapiezo cogía este libro y el otro, iba al nombre de aquel y el otro autor de la escritura, y entre la página y su emoción prendía un deliquio de encendidos sueños.

Dio en el ejercicio de tomar aquel perfil, recortar en su mente la figura que destaca en el relato, sacar a tal o cual personaje de aquel mundo, y como recortándolo sobre el escritorio, como poniéndolo aparte en el restirador, re-dibujarlo con su propia emoción analizar sus actitudes, valorar sus palabras, medir sus hechos, juzgar su trazo humano, apreciar así la hondura del texto y sacar cuenta del mérito creativo del autor.

Fue una disciplina que se impuso a sí mismo,  un juego emocional que abarcaba todos los pasos que caben dentro de la creación literaria para decir si aquel autor merece o no, estar sobre el celemín.

Casos como, cuando…

** Se esparcía en el pueblo la melodía mañanerade Pastor dentro del cortinaje gris de la llovizna.

Las palomas desde el alero dudaban entre arrancar o no el vuelo; los vecinos se gozaban al despertar dulce de aquella flauta desvelada, y el señor cura sabía que era el momento de iniciar sus oraciones.

** El lechero se detiene frente a la ventana de Amal. El chiquillo sonríe como siempre a aquel hombre, y con rostro desvaído, desfallecida la voz, cansado el ademán, apagados los ojos, tiene con todo, penetrante visión para describir polvorientos caminos de tierra roja, árboles de fronda espesa y mujeres que bajan a lavar su ropa cada mañana hasta la orilla del río.

** Pero luego resuena desde abismos violentos el despecho que barbota en el alma de los viejos ante la irrupción de los jóvenes que se plantan      a mitad del escenario, en alharaca tumultuosa.

Gritan los viejos, reclaman y exigen el puesto que se les quiere arrebatar, a través de las vibrantes voces de algunos grandes de las letras.

** Elisa vive en la atención de sus crisantemos.

Los trasplanta y cuida con amoroso anhelo mientras contempla en el camino que se dibuja en la colina, la imagen de un vendedor de cacharros viejos; se ha detenido el vagabundo ante los crisantemos de Elisa y con risas y aspavientos le dice cuán feliz es su vida de andariego. Elisa ha sentido una íntima opresión en el alma. ¿Acaso no podría ella ser como aquel individuo?

** El niño loco del pueblo es un caso aparte. El poeta ha querido asomarse a la mente perdida de aquel niño y quiere comprender a su madre que es toda para su hijo. El niño salta en la calle, brinca desde la ventana y hace cabriolas por la mañana hasta cansarse. Y luego permanece la tarde larga a la puerta a su casa viendo pasar la gente. Un día ya no apareció el niño; al poeta le ha dolido aquella ausencia. ¿Acaso el chiquillo voló al cielo? ¿Y su madre ahora?

** Un terraplén de mediana altura a un lado de la vía; un viajero pasa en ese tren todas las mañanas y se goza contemplando los juegos de las niñas sobre el terraplén. Las chiquillas se divierten simulando estatuas, encarnando vidas humanas.

El viajero las ve a lo lejos y disfruta de la inocencia de las niñas. Empieza luego soltarles papelillos de halago y las pequeñas comienzan a fijarse en el joven. Un día se encuentran de frente y se pierde el encanto. Las niñas ya no juegan en el terraplén, el viajero se ha cambiado a la ventanilla del otro lado. ¿Por qué a veces la distancia dice más que la cercanía? ¿por qué se prefiere el sueño a la realidad?

Por este orden vienen los personajes en los relatos reunidos en estas páginas. Es el autor y un cuento como muestra de lo que fue este género, de lo que ahondó en vidas y emociones, relatos con la fuerza, el calor humano, girones de nuestra existencia tan simple y común como es la vida, más acá de los requilorios que se ensayan hoy en artificios digitales.

Así fue en publicaciones ordinarias para el gusto de los lectores de aquellos diarios ay tan lejanos. Y pensar si sería posible retomar el camino y hacer que el cuento literario ocupe sitio en el quehacer de los escritores de hoy.

PERO hay otro aspecto señalado en la publicación de estos cuentos traídos desde los años sesenta del siglo pasado, éste es el de las ilustraciones del maestro Alfonso de Lara Gallardo, con que fueron publicados en su origen.

No es posible dejar en olvido el nombre de este maestro de la pluma y el pincel; grande en la acuarela dio a Jalisco una significación señera en esta forma de expresión y formó una generación de pintores que no pueden olvidar ellos mismos, cuánto deben en el ejercicio de este arte, a Alfonso de Lara.

Por aquellos tiempos la edición dominical en un Suplemento de Cultura, presentaba varios dibujos de Lara Gallardo que interpretaba, con la maestría de su pincel, con la levedad de su pluma, lo que los colaboradores de la sección decían en sus textos.

Cinco o más viñetas del maestro, y a veces requeridas de urgencia, aparecían cada domingo. Tarea ardua, deleitosa ocupación a lo largo de todas los días de la semana, en leer, pensar, imaginar, tramar, decidir el gesto y la figura con que tendría que aparece la traducción gráfica del dibujante, en las páginas del diario.

Los dibujos que acompañan estos relatos son una muestra pequeñísima de los que se publicaron en el dominical; cientos y miles fueron a perderse en el acervo de hemerotecas, si no es que ya parpadean en las luces de una transcripción digitalizada.

Los que aquí se incluyen fueron objeto de un tratamiento delicado y respetuoso de Sergio Mora García: fue necesario avivar algunas líneas gastadas en el tiempo, precisar un gesto, retocar un ademán, ampliar o reducir una imagen o conjunto de imágenes, y con todo ello decir que entre los grandes del candelero, los testigos de la obra de Alfonso de Lara Gallardo, hemos de reconocer cuánto hay que recordar de él y festejar en sus pinturas que no pueden los jaliscienses dejar en olvido.

También hay que pensar que estos dibujos fueron realizados a la pasada, fueron trabajos más o menos ordinarios presentados para “el diario” y quedan por abajo de las grandes obras, de los murales que tienen sitio preeminente en las grandes creaciones de la pintura en Jalisco, y sobre todo, del cúmulo de acuarelas, ejercicio en que destacó a nivel nacional y en el que dejó un número incuantificable de discípulos y seguidores que a él deben su desempeño en esta forma de expresión plástica.

Ver estos dibujos, seguir la línea volada que juega, se diluye en el viento y liviana y grácil, conforma un gesto, proyecta un estado de ánimo, mide el desplante de aquel temperamento, habla de una vocación, una destreza, la habilidad de un genio que nació para el dibujo.

Y se viene a la memoria en tono anecdótico la aseveración del padre Chayo, quien por cierto hace poco recibió el Premio Jalisco del Gobierno de Jalisco por el impulso que a lo largo de su vida ha puesto en tareas a favor del cultivo humanístico.

Galante y audaz dice el padre J. Rosario Ramírez:

“Yo hice dibujante a Alfonso de Lara. Lo invité a colaborar en la revista “Proa” que en el ciclo de humanidades teníamos en el Seminario. Y lo insté a dar a sus trabajos agilidad y soltura en la línea, facilidad en el rasgo, armonía en los elementos, destreza y dinamismo en los personajes”.

Escritores de enjundia, plumas de alto prestigio se han ocupado de recoger los datos biográficos de este maestro, las primeras señales de su vocación y los pasos en que fue avanzando a lo largo de su vida, los títulos alcanzados, los logros obtenidos y aquellos atisbos de honda espiritualidad con que se manifestaba y traslucía en sus obras, en su docencia, en el trato ordinario con todos los que lo rodeaban.

Porque los dibujos de Alfonso de Lara Gallardo representan en estas páginas un honor que deseamos que sea considerado en su valía, queremos esbozar una descripción de su persona: la frente amplia y limpia que irradia pensamientos elevados, los ojos profundos que revelan destellos espirituales y toda la expresión severa y grave, como reproduciendo el perfil de un venerable asceta.

Si el cuento en la literatura ha sido un género ahora descuidado, esta invocación de los veinte autores que elegimos y colocamos en el candelero de la excelencia, sirvan de marco para presentar el nombre y la obra de Alfonso de Lara Gallardo que es digno sobre toda consideración, de ocupar sitio de preeminencia en el candelero jalisciense de los grandes.

Autores en el Candelero

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Bienvenidos a la OBRA COMPLETA DE LUIS SANDOVAL GODOY

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Constancio Hernández Allende 2015

Constancio Hernández Allende 2015

Constancio Hernández Allende 2015

Teniendo como marco las instalaciones de la Benemérita Sociedad de Geografía e Historia del estado de Jalisco, un centenar de amigos se han dado cita para evocar los pensamientos y obra del multifacético Constancio Hernández Allende. La participación del Pbro. Armando González Escoto, Álvaro López, Juan Ramón Hernández e Ismael Guerreo Hernández nos hacen saber que su humanismo sigue presente.

Será Armando González Escoto, presbítero y ex presidente de la BSGHEEJ quien inaugura la charla dando un énfasis al humanismo que en vida desarrolló Don Constancio, la enseñanza de saber tratar a “Los Viejos” y la indiscutible ausencia de crítica vana social de la que el mismo personaje adolece, ya que jamás, jamás se le escuchó hablar mal de ninguna persona.

Álvaro López evocará al “Juárez” que le enseñó Constancio, Juan Ramón Hernández Glez. Hará señalamientos de los personajes y actividades en los entornos de quien fue su padre, Don Constancio Hdez. Alvirde, José Gpe. Zuno Hdez. Su afición por la música, las armas, la poesía, la escritura y en especial su pasión por el Tango.

Cerrará el evento Ismael Guerrero Hdez. Nieto del homenajeado, con la lectura de un discurso en La Plaza Juárez hace algunos años, que el mismo Don Constancio Hernández escribiera y pronunciara, haciendo hincapié de la vigencia de los valores ahí expresados.

Constancio Hernández Allende 2015

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Conrado Trapero EL TIEMPO, TODO UN MISTERIO

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“No hay nada más poderoso que una idea cuyo tiempo ha llegado” Isaac Gpiz.

Mucho se ha escrito, mucho se ha investigado sobre el tiempo. El ayer, el aquí y ahora, el mañana. La relación espacio temporal que nos inquieta. Existen muchos refranes populares y poesías que hablan de “La sabia virtud de conocer el tiempo”. Se le ejemplifica con el transcurso de un rio que nunca será el mismo que paso en este momento, porque ya se fue.

La historia de la humanidad desde tiempos inmemoriales, se ha enfocado en querer dilucidar, en intentar saber sobre el tiempo. Se le mide, se le relaciona con los astros, el hombre se mete en las honduras del universo, surgen los futurólogos, los profetas, esos que poco aciertan y que para no exhibirse, señalan generalidades. Los científicos serios que intentan explicar, y sobre todo, conocer el devenir. Pero para bien, o para mal, el tiempo pasa y no se deja detener.

“Ya la filosofía griega, propensa a la reflexión sobre los más variados asuntos, abordó la temática del tiempo. De todos los filósofos griegos es, sin duda, Aristóteles el que nos ha legado la doctrina más sólida sobre el tiempo. La visión aristotélica del tiempo está estrechamente vinculada al movimiento, ya que, en su opinión, el tiempo no es posible sin acontecimientos, sin seres en movimiento.

De ahí que conciba el tiempo como el movimiento continuo de las cosas, susceptible de ser medido por el entendimiento. Conceptos como “antes” y “después”, sin los cuales no habría ningún tiempo, se hallan incluidos en la sucesión temporal.

Esta estrecha vinculación induce a Aristóteles a definir el tiempo en su Física en los siguientes términos: ” la medida del movimiento respecto a lo anterior y lo posterior”. Esta definición nos revela que el tiempo no es el movimiento, pero lo implica de tal suerte que si no tuviéramos conciencia del cambio, no sabríamos que el tiempo transcurre.

El tiempo aristotélico es exterior al movimiento, pero supone un mundo que dura sucesivamente y esta duración sucesiva nos permite establecer relaciones de medida entre sus partes según un “antes” y un “después”, así surgirá el tiempo métrico, cuya estimación estará regulada por el movimiento de los astros, como el de rotación o el de traslación, o por el movimiento rítmico de aparatos de desarrollo preciso, como los relojes.

El pasado ha sido, pero ya no es; el futuro será, pero aún no es; sólo el presente es, aunque su modo de ser es instantáneo y fugaz, porque muy pronto deja de ser.

Sin embargo, es cierto que el pasado es en tanto que pasado y el futuro es en tanto que futuro. Por lo tanto, parece que los tres tiempos convergen en el momento actual como si sólo existiera el presente, un presente de las cosas pasadas, un presente de las cosas presentes y un presente de las cosas futuras. He aquí lo paradójico del tiempo. Por un lado, lo percibimos como una realidad instantánea, huidiza y fugaz, como algo que se nos escapa y da a nuestra vida un sentido inestable y efímero.

De ahí que intentemos aferrarnos al momento presente, como si quisiéramos asir el tiempo, porque somos conscientes de la brevedad de nuestra vida y necesitamos vivirla intensamente, porque el tiempo pasa y mañana, quizás, sea tarde.

Pero, por otro lado, experimentamos como un rechazo hacia esa fugacidad del tiempo y tendemos a dilatarlo en el pasado y a proyectarlo en el futuro, instalándonos en una especie de eternidad como si nuestra vida nunca fuera a tener fin.”*
Movimiento y acción, toma de decisiones, que requieren de un hoy, un aquí y un ahora, decisiones que se han pospuesto, omisiones que han propiciado que tengamos muchos años de historia vacía, y un futuro que se nos escapa, futuro que se vislumbró promisorio por momentos, sin embargo paso más veloz que nuestra capacidad de reacción.

México: El tiempo se acaba, y el tiempo poderoso de la idea, cuyo tiempo ha llegado, está aquí. No lo desperdiciemos.

*Extracto de temas Aristotélicos publicados en internet.

Conrado Trapero Rivas
02/03/2015

Conrado Trapeto

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Entre los pasillos de FIL…

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Del 29 de noviembre al 7 de diciembre, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara nos llena de cultura y literatura. La Feria Internacional del Libro de Guadalajara es la reunión editorial más importante de Iberoamérica y una de las más grandes del mundo, además de un amplio festival cultural.

Fundada hace 28 años por la Universidad de Guadalajara, es una feria dirigida a profesionales y público en general. En ella se ofrecen diversas actividades, talleres y venta masiva de productos editoriales. La Feria Internacional del Libro, desde sus inicios, fue concebida como un festival en el que la literatura fuera el tema principal. Cada año cuenta con un programa en el que participan autores de todos los continentes, convirtiéndose en un espacio para la discusión académica de los grandes aconteceres que se viven en la actualidad.

Durante los nueve días de la Feria, el público puede conocer a escritores reconocidos y emergentes, participar en cursos y talleres, así como adquirir ejemplares de libros a precios únicos.

FIL en imágenes

FIL en imágenes

Feria Internacional del Libro 2014

11 24 2014 Bienvenidos a la FIL 2014-8

La FIL Guadalajara es el mayor festival literario en español. Este es un retrato que se aproxima a su diversidad. La Feria es literatura, cultura y pensamiento, con una fuerte dosis de sentimiento que lo cubre todo. La Feria son lectores, autores, profesionales del libro. La Feria es industria, es negocio y es fomento a la lectura. La Feria es diversión y conocimiento. Todo ello gracias a todos.

La Feria Internacional del Libro de Guadalajara es la reunión editorial más importante de Iberoamérica y un extraordinario festival cultural. Fundada hace 28 años por la Universidad de Guadalajara, es una feria para profesionales en donde el público es bienvenido, lo que la distingue del resto de las principales ferias que se realizan en el mundo. Sin descuidar su vocación como un encuentro de negocios, la FIL fue concebida como un festival cultural en el que la literatura es la columna vertebral, con un programa en el que participan autores de todos los continentes y diferentes lenguas, así como un espacio para la discusión académica de los grandes temas que cruzan nuestra actualidad.

Durante los nueve días de la Feria, el público escucha a sus autores preferidos; la industria del libro convierte a Guadalajara en su corazón, y la ciudad se llena de música, arte, cine y teatro del país o región Invitado de honor; que este año es Argentina.

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Marisol Schulz

Marisol Schulz

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¿Por que Sufro? Guillermo Dellamary

Guillermo Dellamary

Guillermo Dellamary

¿POR QUÉ SUFRO, Si me PORTO BIEN?

Ya lo dijo el Padre Pió: “Sufrir es de todos, saber sufrir de unos pocos”

¿Tiene sentido el sufrimiento? ¿Por qué hemos de sufrir?

¿Por qué hay tanto mal en el mundo?

A través del presente libro el autor busca dar respuesta a estas interrogantes.

Una de las principales características del sufrimiento es que es único, irrepetible e intransferible, es por eso que en la presente obra el autor induce al lector a buscar sus propias respuestas a los diversos episodios en los que el sufrimiento se convierte en un compañero de vida…

Introducción 

Para nadie es fácil vivir y comprender los propios sufrimientos además de las injusticias y la barbarie en las que históricamente ha vivido el hombre, y que de alguna manera intentamos superar ppr medio de recursos instrumentados en ideologías, filosofías y remedios confortables y pasajeros para dejar atrás el dolor y el sufrimiento. En la vida se nos presentan muchas y diversas maneras de sufrir, unas más corporales, otras más mentales y emocionales, hasta que llegamos a sentir que nos duele en lo más profundo del alma, y entonces, sufrimos incansable-mente durante largos periodos por algo que ha sucedido o que tememos que vaya a suceder.

Hasta donde sé, no hay ser humano que no haya teñido alguna experiencia de dolor y sufrimiento; es más, me he topado con todo lo contrario, personas que no saben lo que es gozar y disfrutar de esta vida, sin dejar atrás precisamente el dolor y la aflicción. Porque muchas personas simplemente no saben qué hacer con una experiencia tortuosa y tampoco con una experiencia virtuosa. Sufrir es parte de nuestra existencia y si algo puede aportar el Cristianismo es precisamente una manera casi sobrenatural de aceptar, entender y superar toda clase de dolores que la experiencia de vivir trae consigo.

Conocer El evangelio del sufrimiento ha causado en mi vida un impacto sobresaliente que me ha motivado a escribir estas reflexiones que, sin duda alguna, emanan de la sabiduría del Espíritu Santo plasmada en la carta apostólica Salvifici Dolores del sumo pontífice Juan Pablo II, quien en 1984 compartió al mundo el sentido cristiano del sufrimiento humano. Esta modesta meditación no pretende agregar nada que no se haya dicho y escrito sobre este tema, sólo darle una estructura didáctica que permita al lector asimilar la gran riqueza de esta visión tan noble y enriquecedora para todos los que aceptamos en el amor de Dios las desventuras en nuestras vidas.

Lo que iremos develando a lo largo de este ejercicio puede sorprender a cualquiera. Descubrir un documento de esta elevada calidad moral e intelectual y poderlo asimilar y digerir poco a poco e incluso exponer de diversas maneras ante el público la riqueza de una enseñanza de esta dimensión, me ha motivado a abrazar con especial humildad y con un absoluto reconocimiento al autor de este trabajo del que nosotros simplemente seremos aprendices y fieles discípulos. Porque además la trayectoria de su santidad, hoy beato Juan Pablo II, al final de su vida ha sido testimonio pleno de lo que décadas antes se había plasmado en este documento. A medida que vayamos repasando cada uno de los incisos del trabajo del pontífice, iremos exponiendo algunas reflexiones en base a ciertos párrafos y citas que nos parecen destacables y sobresalientes de este documento.

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